Estaba masticando chicle en clase, y me puse a filosofar (o filosofear, como se escriba) un poco. Llegando a la conclusión, que todos nosotros, aspiramos a ser chicles.
El chicle no es más que una masa, que con un poco de sabor, entretiene nuestro molares hasta el momento indicado, en el cual simplemente, lo botamos.
El chicle se estira y contrae, crece y se achica, siempre con la habilidad de regresar a su forma original; quizás con algunos cambios, quizás sin ese sabor que tenía, pero físicamente, el mismo.
El chicle puede crecer cuanto quiera, llenarse e inflarse, hasta que ya no pueda más, luego explota, pero otra vez, con la oportunidad de regresar a la normalidad.
Ahora díganme si no es eso lo que mucha gente anhela, tener esa confianza y habilidad de poder soportar cualquier adversidad y caída, y luego simplemente volver a la realidad sin dificultades mayores.
En lo personal, yo quiero ser un chicle.
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