Te tengo frente mío, puedo respirarte, verte, sentirte, tenerte.
Me acerco a ti y tu fragancia llena mi cuerpo de gozo y dicha, mientras pienso qué decir.
Un paso más. Llego a ver tus ojos, esa penetrante y a la vez increíblemente dulce mirada, que atacan mis ojos.
Otro paso más. Ya estoy cerca, puedo casi sentir tus manos tocando las mías, no puedo esperar a llegar a ti, y tenerte entre mis brazos por primera vez.
El último paso.
Finalmente te tengo, cojo tus manos. Tu pies es tal y como la soñé. sedosa y suave. Tu aroma no se puede comparar con nada de este mundo, las rosas quedan chicas comparadas con tu aroma.
Tus ojos despiden un brillo traído de cuentos de hadas.
Yo solo estoy feliz de poder tener, empiezo a rodearte con mis brazos, y a mover mis labios para decir lo que por mucho tiempo quise decir. Pero de pronto retrocedes.
Me vez, y poco a poco te vas desvaneciendo mientras caminas hacia atrás.
Corro eufóricamente tratando de alcanzarte, pero no puedo.
De pronto entendí todo.
Desperté, todo, como siempre, había sido un sueño.
No fuiste mía. Pero algún día lo serás.
Lo sé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario