
Era más de las 10 de la noche, hacía frío y la densa neblina amenazaba con bloquear la vista a cuanta persona se lo ocurra caminar.
Pasé por el parque y la vi sentada en una banca, con la cabeza baja, y tapándose la cara con las manos, estaba llorando.
Me acerqué a ella, y le pregunté el porqué de sus lágrimas, me contó que tuvo problemas con su enamorado.
Me senté junto a ella a escucharla, y de pronto se lanzó sobre mi a llorar, la rodee con mis brazos, y reinó el silencio.
Le pregunté si tenía planes, y me dijo que no, así que la invité a tomar un café y ella acepto gustosa.
Una vez en Starbucks, pedí mi Frapuccino, le pregunté si quería que le invite algo, pero me dijo que no. Voltee al mostrador, y le dije al chico que atiende, que me dé 2 Frapuccinos. Ella rió.
Después la acompañe a su casa, y noté que las lágrimas habían desaparecido.
Cuando estaba en la puerta de su casa, me acerqué a despedirme, ella también se acercó y me beso rápidamente los labios, me dijo gracias, y entró a su casa.
Una vez que llegué a mi casa, me quedé pensando lo sucedido.
Me eché en mi cama feliz por dos cosas: La primera por lo que acababa de pasar, y la segunda:
No era un sueño.
Nota del autor: Sólo para que sepan. No, no me ha pasado esto, jaja.
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