Aunque empezaba la primavera, no podía sentir calor alguno; mi cuerpo estaba entumecido por el frío y duro invierno, y mis esperanzas de ver un día nuevo se iban agotando cada vez más.
El camino seguía oscuro y nubloso, había tropezado muchas veces, pero pude levantarme, siguiendo esa luz que pensé ver meses atrás.
Sentía como mi alma iba separándose de mi cuerpo a medida seguía avanzando. Estaba muriendo.
Seguía las indicaciones del camino, para tratar de llegar a mi destino, sólo podía pensar: "Falta poco", pero a medida que avanzaba el camino se iba alargando.
Lo siguiente que vi, borró lo último de esperanza que había en mi, no podía entender qué había pasado, ¿habría seguido mal las indicaciones?¿Me había perdido?¿O simplemente estaba confinado a sufrir así?
Llegue a una bifurcación de caminos, ambos oscuros y tenebrosos.
A este punto, sólo podía pensar cuál de ellos me haría sufrir menos, pero tenía miedo de escoger el equivocado, perdiéndome en ese camino para siempre.
Tengo miedo, no sé que hacer.
Grite al cielo, y solo escuche mi eco, un eco que rebotó en un corazón duro y vacío, donde no queda casi nada por desenterrar. Un corazón que muere poco a poco.
Me tiré al suelo a llorar, no quiero seguir así, es muy doloroso.
No sé que hacer, he seguido tantos consejos, pero nadie me preparó para esto.
Hice lo único coherente que mi pobre y moribundo corazón me pudo decir.
Me metí al bosque que hay entre los dos caminos, esperando lo mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario