La espesa bruma se desvaneció, incluso más rápido de lo que apareció, era un milagro.
Me di cuenta, que no me había movido para nada, seguía parado en el mismo lugar donde empecé todo este problema, pero la oscuridad era tal, que no sabía donde estaba.
Entonces entendí, que nunca debí dudar, nunca debí retroceder, nunca debí llorar, nunca debí caer.
Porque nunca me alejé
Repentinamente la noche acabó, y salió el sol, la sutil brisa del aire acariciaba mi rostro, mientras se llevaba los últimos rastros de polvo, que aún quedaban en mi cara.
Escuche mi nombre, y rápidamente volteé.
Estabas llamándome con una mano en el aire, gritando mi nombre.
Sonreí y fui corriendo hacia ti.
Entendí que nunca estuviste lejos de mi.
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