¿Para qué trato de llegar al cielo, si igual regresaré a la tierra?
¿Para qué corro, si puedo caminar?
¿Para qué soñar, si al final despertaré?
¿Para qué gritar, si puedo hablar?
¿Para qué expresarme, si puedo quedarme callado?
¿Para qué estar feliz, si después me deprimiré?
¿Para qué vivir, si al final moriré?
Todas esas preguntas bombardeaban mi cabeza mientras me daba cuenta que ese objetivo que seguí por mucho tiempo estaba cada vez más lejos de mi alcance, pero tan rápido como un baldazo de agua fría, entendí las cosas de otra manera y sonreí mientras respuestas se formulaban en mi cabeza.
¿Para qué me voy a quedar en la tierra, si puedo tratar de llegar al cielo?
¿Para qué caminar, si puedo correr?
¿Para qué preocuparme por despertar, si más bonito es soñar?
¿Para qué hablar, si puedo gritar?
¿Para qué quedarme callado, si puedo expresarle al mundo lo que siento?
¿Para qué deprimirme, si puedo sonreír :)?
¿Para qué pensar en morir, si aún me falta mucho por vivir?