Se me apagó la luz.
No sé a quién más recurrir, las puertas se cerraron, y el camino se acabó.
Pienso en escapar, abandonar todo y regresar. No tengo más opción.
Las personas me ven, pero callan. Nadie es un amigo.
Todos los recuerdos dolorosos atacan mi mente, y la llenan de angustia.
Retrocedo un paso.
Y entonces recordé todo lo hermoso por lo que luché, lleno mi mente de felicidad y alegría.
Me encontraba en una encrucijada, seguir por ese objetivo que nunca lograré alcanzar, o retroceder y estar a salvo.
Levanté mi frente y pensé:
"No tengo nada mejor que hacer"